19 nov. 2016

El día que Charles Lindbergh amerizó en Santoña

Que una de las mayores figuras de la historia de la aviación llegue con su hidroavión a la costa cántabra, tiene su punto de atractivo. Este es el tipo de historia sencilla con el que te cruzas en la prensa de época y que acaba picándote la curiosidad porque, si bien no fue un hecho que pueda considerarse importante en la historia humana, es el tipo de bagatela que más me suele gustar.

Viajemos al 11 de noviembre de 1933, para leer cierto titular en La Época: “El hidro del famoso aviador Lindbergh amara en aguas de Santoña a causa de la niebla”. ¿Cómo no tirar un poco del hilo con algo así? Una búsqueda en la prensa española de aquellos días nos invita a conocer algunas curiosidades. Comencemos con el mencionado periódico…


Comunican de Santoña que a primera hora de la noche se oyó el ruido de un aparato que volaba por encima del penal, y que al parecer intentaba orientarse. Por fin, después de evolucionar por la villa, amaró. Inmediatamente un bote ocupado por varios marineros que se ofrecieron voluntariamente, se dirigieron hacia el hidro viendo con la natural sorpresa que el piloto era el coronel Lindbergh acompañado de su esposa, que se había visto obligado a amarar a causa de la niebla. Se ignora si el aparato ha sufrido alguna avería así como la ruta que llevaba el aviador. El matrimonio Lindbergh pernoctó en Santoña.


El matrimonio Lindbergh en el Ayuntamiento de Santoña.

El matrimonio Lindbergh en el Ayuntamiento de Santoña.


Visto de esa manera, todo parecía improvisado, algo así como un aterrizaje de emergencia del que nadie sabía nada. Sin embargo, las cosas no eran tan sencillas ni espontáneas, porque se conocía bien la ruta y el motivo del viaje del héroe norteamericano (buscaba trazar posibles nuevas rutas aéreas comerciales para una compañía privada) y, además, se había comunicado su llegada. Eso sí, el amerizaje no entraba en los planes iniciales, pues el destino original era Lisboa. Sigamos con los papeles. Al parecer, tras el “encuentro”, el piloto solicitó comunicarse con alguien que hablara inglés. A continuación, se procedió a anclar y asegurar el hidroavión. Lo que más llama la atención fue que, desde el primer momento, un montón de gente estaba alrededor, nadie quería perderse el espectáculo1. ¿Lindbergh se había desorientado y por eso había descendido sobre aguas del cantábrico frente a Santoña? Muchos no lo creían, ¿acaso no era aquél hombre el mismo que había cruzado el Atlántico en solitario y sin escalas en 1927?

El caso es que el amerizaje se llevó a cabo al poco de las cuatro de la tarde, después de volar un rato sobre Santoña. Lindbergh y su mujer, Anne Morrow, tras llegar a la aduana, preguntaron por un lugar en el que pasar la noche… ¡Tenemos a Lindbergh aquí! Y, claro, no se podía perder la oportunidad. En la cercana fábrica de Albo (sí, la famosa marca de conservas) encontraron por fin alguien con quien comunicarse en inglés. La familia Albo ofreció su residencia para que pasaran la noche. El hidroavión quedó asegurado en la dársena, mientras los Lindbergh eran trasladados en coche, seguidos por una procesión de curiosos, hasta la mansión de los Albo. Del hidroavión descargaron tres maletas y un saco2. En casa de los Albo tomaron un té, tras asearse y cambiarse de ropa.


Los Lindbergh con la familia Albo.

Los Lindbergh con la familia Albo.


Era conocido que a Lindbergh no le gustaba ofrecer entrevistas sin previo aviso, pero ante la insistencia de varios periodistas llegados de Santander, se animó a soltar algunas palabras (agradeció tanta atención y habló sobre el autogiro de La Cierva). Lo de llegar a Santoña, tal y como comentó, no había sido un accidente, aunque sí se había visto forzado por el mal tiempo. Los Lindbergh habían salido con su hidroavión hacia las once de la mañana del Lago Ginebra (o Lago Lemán, entre Suiza y Francia). La idea era llegar de forma directa a Lisboa, pero al llegar a España encontraron un frente nuboso bastante peligroso que hizo llamar al piloto por radio al embajador de los Estados Unidos en Madrid para solicitar permiso de aterrizaje a las autoridades españolas. Se le concedió permiso de inmediato, aconsejándole continuar hasta Vigo y amerizar allí2. Ahora bien, a medio camino la costa de Santoña le pareció desde las alturas un lugar muy agradable y, viendo que el frente estaba peligrosamente cerca, decidió descender sobre Santoña en medio de una persistente lluvia, para alborozo de los lugareños, que hablaron del evento durante bastante tiempo.


Momento en que los Lindbergh abordan de nuevo su hidroavión para partir desde Santoña, era el 13 de noviembre de 1933.

Momento en que los Lindbergh abordan de nuevo su hidroavión para partir desde Santoña, era el 13 de noviembre de 1933.


La familia Albo recibió esa noche llamadas telefónicas de periodistas de medio mundo, aunque el piloto se negó a contestar todas ellas2. Luego sucedió lo típico en estos casos, llegó el alcalde de Santoña y un grupo de militares del regimiento número 23 de infantería, de la guarnición de Santoña, cómo no, y hasta un capitán de la Guardia Civil en nombre del gobernador de la provincia. ¡En poco rato se montó todo un espectáculo! Es de suponer que los Lindbergh estaban acostumbrados a todo aquello, pero incluso así llama la atención el despliegue de atenciones. De hecho, ya hacia las ocho de la noche del mismo día 11, se les había unido a todos ellos un grupo de soldados de asalto destinados a proteger a los Lindbergh y a las autoridades que para allá habían acudido. Un grupo de carabineros marchó a custodiar el hidroavión Albatros.

En cuanto amaneciera, la idea era levantar vuelo y volver a la ruta hacia Lisboa. En caso de persistir el mal tiempo, podría amerizar de nuevo cerca de Gijón, donde los Albo ofrecieron a Lindbergh estancia en su casa asturiana de Candás2, 3 y 4. A la mañana siguiente, viendo que el tiempo no mejoraba, y tras visitar su avión, Lindbergh fue invitado a tomar un vino en el Ayuntamiento de Santoña, con una multitud aplaudiendo en la plaza. Más tarde pasearon en coche por las cercanías del pueblo, siempre entre vítores y algarabía.


El piloto norteamericano y su mujer, momentos antes de partir de Santoña.

El piloto norteamericano y su mujer, momentos antes de partir de Santoña.


Finalmente, llegado el amanecer del día 13, los Lindbergh retomaron su viaje, volaron sobre Santander y fueron divisados más tarde sobre Gijón, camino de Lisboa, pero el mal tiempo no había desaparecido y, por sorpresa (habían cambiado el rumbo para volar sobre tierra, pues en la costa el tiempo iba empeorando), fue localizado su hidroavión amerizado, a la espera de una mejoría del tiempo, en aguas del Miño, cerca de la localidad gallega de Caldelas de Tuy. En esta ocasión el matrimonio permaneció en el avión, si poner pie en tierra5, salvo por una breve visita a Valença do Minho, en Portugal, donde se repitió la escena de agasajos por parte de las autoridades (cabe pensar que, la decisión de volver al hidroavión para dormir, tuvo que ver con el cansancio de los americanos ante tanta atención)5. Tras repostar, de nuevo al amanecer, el hidroavión partió hacia Lisboa. Se cuenta que, días antes, al salir de tierras cántabras, se había entregado al piloto un parte meteorológico detallado, desaconsejando volar y recomendando permanecer en tierra algún día más. Lindberg no hizo caso alguno y continuó con sus planes de vuelo ignorando el mal tiempo.

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1 El Heraldo de Madrid, 11-11-1933.
2 La Libertad, 12-11-1933.
3 El Sol, 12-11-1933.
4 El Heraldo de Madrid, 13-11-1933.
5 El Sol, 14-11-1933.

Imágenes: Crónica, 19 de noviembre de 1933. Biblioteca Nacional.

El día que Charles Lindbergh amerizó en Santoña apareció originalmente en Tecnología Obsoleta, 19 noviembre 2016.


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