31 mar. 2020

La tapa de alcantarilla que se convirtió en el primer objeto humano en entrar en órbita… ¿o no lo fue?

Hay historias que tienen encanto y que, de tanto repetirse, hay quien las toma como ciertas. No deja de tener gracia pensar que una “tapa de alcantarilla” lanzada a gran velocidad por una explosión nuclear se hubiera convertido en el primer objeto humano en orbitar nuestro mundo, solo que es algo que, muy posiblemente, nunca sucedió. He escuchado esta historia varias veces, y pocas veces era puesta en duda, pero ayer por la noche me crucé en televisión con un documental en el que se afirmaba que era algo cierto. Pues no, por mucho que sea una historia divertida, no hay caso.

En octubre de 1957 el Sputnik 1 se convirtió en el primer satélite artificial en entrar en órbita baja terrestre. Ahora bien, la leyenda nos cuenta que en el verano de ese mismo año una tapa de alcantarilla estadounidense se adelantó a los soviéticos. Fue durante la Operación Plumbbob, una serie de pruebas de armamento nuclear en territorio de los Estados Unidos que se llevaron a cabo entre mayo y octubre de 1957. Los científicos del laboratorio de Los Álamos se encontraban probando todo tipo de configuraciones para el armamento nuclear, incluyendo explosiones subterráneas, así como estudios sobre resistencia de materiales y propuestas para el uso de este tipo de ingenios más allá de lo militar.

Imagen de una de las pruebas de la Operación Plumbbob.

Durante una de aquellas pruebas, la conocida como Pascal-A del 26 de julio, se llevó a cabo una explosión nuclear subterránea que superó con creces los efectos calculados inicialmente. La cobertura de tierra y hormigón desapareció casi por completo, por lo que el 27 de agosto se probó de nuevo la misma configuración (prueba Pascal-B) pero multiplicando enormemente el tamaño del “escudo” de superficie (en total fueron unas 300 toneladas de material compactado y un sello de hormigón). Pensaban que la pesada tapa de metal y hormigón que cerraba el sello (de al menos media tonelada) se iba a vaporizar, como casi todo el material de relleno, pero en las tomas de alta velocidad de la cámara de registro se veía cómo salía volando (realmente sólo se veía una traza en uno de los fotogramas, pero asumieron que salió volando a muy alta velocidad).

Tiempo después, la historia de la “tapa de alcantarilla espacial” se convirtió en toda una leyenda. Los cálculos realizados por el diseñador del experimento, el doctor Robert Brownlee, indicaban que podría haber alcanzado hasta seis veces la velocidad de escape de la Tierra ( que es de 11,19 km/s de media a nivel del mar). Ahora bien, el cálculo se había realizado apresuradamente a mano, sin ordenadores ni sofisticadas simulaciones y sin tener en cuenta la atmósfera y lo poco aerodinámica que era la tapa, como bien comentó el propio Brownlee1. De la tapa nunca más se supo, pero se supone que se fragmentó y terminó hecha añicos, pero no en el espacio. Lo que sí voló muy alto fue la leyenda.



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25 mar. 2020

Dorothy Levitt, la chica más rápida del mundo

Fragmentos de uno de mis artículos inéditos (estaba destinado a la revista Historia de España y el mundo, pero la publicación de ese medio finalizó en febrero de este año), inspirado por la lectura de la novela de Celia Santos titulada “Más rápida que la vida” (Penguin Random House, 2020). Las imágenes de este post están tomadas del libro de Dorothy Levitt “The woman and the car”, 1909.


 El espejo de mano debe ser bastante grande para ser realmente útil, y es mejor levantarlo para utilizarlo. (…) No es para uso personal, sino que de vez en cuando se puede utilizar para ver lo que está detrás de ti. A veces escuchas un coche detrás y sientes la necesidad o la inclinación de mirar. Con el espejo puedes ver en un instante lo que está en la parte trasera de tu coche sin perder la vista delantera y sin soltar la mano derecha del volante.

Traducción personal de la mención que hace Dorothy Levitt sobre el retrovisor en su manual de conducción de 1909.

 

Año 1909, el prometedor siglo XX acaba de nacer y medio mundo de puebla vertiginosamente con máquinas ruidosas llamadas automóviles. Pero es un mundo de hombres, y lo seguirá siendo durante mucho tiempo. ¿Podrá una mujer alcanzar alguna posición elevada en el cerrado mundo de las carreras automovilísticas? Pongámonos en situación, aquello no sólo era inaudito sino inconcebible para la mayor parte de las sociedades de su tiempo. Algo imposible, indeseable y poco menos que un pecado. Pero en la lucha por la igualdad de sexos, junto con muchas otras pioneras, ese año de 1909 brilla con especial relevancia una mujer única y lo hace, de forma inesperada, con un libro que debió hacer que muchos hombres, y también muchas mujeres, se preguntaran si aquello era una broma de mal gusto o iba en serio.

En efecto, ese no tan lejano año vio la luz un manual de conducción muy especial, porque estaba destinado a enseñar a las mujeres cómo conducir, cómo mantener un vehículo mecánicamente y, en definitiva, buscaba revolucionar el mundo del motor haciendo que las mujeres entraran de lleno en aquel cerrado planeta hasta entonces sólo para hombres. El escándalo era inevitable, aunque muchos se lo tomaron como algo anecdótico, poco menos que la excepción que confirmaba la regla de que la conducción no era algo femenino. Se equivocaron, y la llama prendió pronto. El libro, escrito por la inquieta Dorothy Levitt, llevaba un título inequívocamente directo: “The Woman and the Car: A Chatty Little Handbook for all Women Who Motor or Who Want to Motor” o “La mujer y el automóvil: Un pequeño manual práctico para todas las mujeres que conducen o quieren conducir”. Ciertamente, ya había mujeres que conducían, pero la popularización del deseo de conducir, y de reparar automóviles, sólo estaba comenzando a calar entre las mujeres occidentales de entonces. El manual de Levitt enseñaba todos los detalles necesarios para conocer los automóviles de su tiempo, cómo arrancar un coche, cambiar de marchas, las formas de conducción, la mecánica básica y el mantenimiento del coche, e incluso cómo defenderse de posibles agresiones en rutas solitarias (recomendaba llevar un revólver si se iba a conducir sola por caminos) y cómo vestir, por ejemplo con un guardapolvos especial, para realizar reparaciones. El manual incluía fotografías en las que la autora demostraba todo lo que iba enseñando, todo descrito con un lenguaje sencillo y directo pensado, como ella bien comentaba en la introducción del libro, no para aquellas mujeres que ya se han se dedicaban al automovilismo, sino para “aquellas que quisieran hacerlo pero que no se atreven debido al nerviosismo, o bien se imaginan que es demasiado difícil entender los detalles técnicos necesarios”.

El manual de conducción para mujeres de Levitt fue el más difundido de su época, pero no fue el primero. Otras mujeres ya habían lo habían intentado anteriormente, como Eliza Davis en 1906. Entre 1903 y 1908 Levitt había ido publicando una serie de artículos sobre automovilismo en la revista ilustrada The Graphic. Ese material sirvió de base para su manual, un libro que contiene un fragmento muy especial dedicado al espejo retrovisor. A principios del siglo XX gran parte de los accesorios del automóvil que hoy damos por imprescindibles estaban por crear, o al menos por ser estandarizados. Levitt incide en su libro en la gran importancia de contar con un espejo con el que poder conocer la situación del automóvil en medio del tráfico, cosa que no era tan clara para muchos por entonces. Dorothy sabía muy bien que contar con un espejo era una gran ventaja a la hora de conducir, tanto por seguridad como para tener ventaja en las carreras, pues ella misma había comprobado lo útiles que eran los espejos de las polveras en las competiciones. Lo que más tarde sería el espejo retrovisor conocido en todas partes y que montan todos los coches en diversas formas y número, incluyendo los modelos con cámara trasera, nació de la inquietud de Levitt y de su experiencia. En los consejos de su libro, afirma que era muy ventajoso “llevar un pequeño espejo de mano en un lugar conveniente cuando se condice para sostenerlo en alto de vez en cuando para ver el tráfico hacia atrás al conducir”. El capítulo sobre el espejo de aquel manual de conducción hizo que la idea se popularizara y terminara por dar forma a nuestros retrovisores. Ciertamente, ya existían ideas similares patentadas anteriormente, incluso referidas a carruajes a caballo, pero fue la mención de Levitt lo que lo popularizó. La genial idea se materializó ante el gran público por primera vez cuando el piloto estadounidene Ray Harroun montó un primitivo retrovisor en la carrera inaugural de las 500 Millas de Indianápolis en 1911.

La mención al uso del espejo de una polvera habrá sin duda llamado la atención de quien lea estas letras porque, en efecto: ¡lo utilizó en competición! Y es que Dorothy no escribió su libro como algo teórico, en un intento de animar a las mujeres a romper las barreras de la conducción. Nada de eso, porque ella era en el momento de la publicación de su manual toda una estrella de las competiciones automovilísticas, siendo la primera mujer en ganar una carrera de coches en 1903 y logrando marcas de velocidad con automóvil y motocicletas (y no sólo en tierra, sino también con lanchas acuáticas).

Dorothy, británica nacida en 1882, era conocida como “la chica más rápida del mundo” por la prensa. Sus actividades en el mundo del motor y su ímpetu sin fin por la igualdad de las mujeres hacían que su presencia en la prensa escrita fuera una constante a principios del siglo XX. Se convirtió en toda una celebridad, llegando a enseñar a conducir a personalidades como la Reina Alejandra de Dinamarca, esposa del rey Eduardo VII del Reino Unido, entre otras aristócratas. Si bien no fue la primera mujer en competir en carreras automovilísticas (por ejemplo, la intrépida francesa Camille du Gast ya lo había hecho antes, junto a otras pioneras), sí fue la más destacada de su tiempo. La pasión por las máquinas veloces le venía de su afición a la hípica y de su trabajo como secretaria en un taller de coches de la clásica marca Napier & Son. Los caballos eran rápidos, pero esos vehículos que veía a diario en el taller, lo eran más. Y, además, le parecían bellos. En pocos meses aprendió todo lo posible sobre automóviles y pronto pasó a la acción. Aquello no cayó muy bien, era una mujer y, por ello, estaba entrando en un paraíso prohibido y “poco femenino”. A pesar de las críticas de los periódicos Dorothy no se detuvo. En su manual de conducción afirma que no conoce un placer mayor que el de conducir un vehículo de competición. Lo llevaba en la sangre y nada podía parar su pasión por la velocidad, ya fuera en automóvil, moto, lancha motora o, incluso, en su interés por a aviación. Además, era soltera, universitaria e independiente, lo que le hacía estar siempre en el punto de mira de las críticas morales. El piloto y empresario Selwyn Francis Edge reconoció su brillantez y proporcionó patrocinio, entrenamiento en Francia y vehículos. Levitt participó en numerosas carreras desde 1903, convirtiéndose en toda una estrella, aunque en algunas pruebas no se permitió su registro por ser mujer.


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21 mar. 2020

El Solarium giratorio de Aix-les-Bains, un edificio asombroso

Ya no existe, lo que es una pena, pero debió ser algo impresionante de contemplar. Aix-les-Bains es una localidad del oeste francés en la que se levantó una de las estructuras más singulares que conozco. He aquí una fotografía de la época en la se erigía sobre el terreno el Solarium en todo su esplendor.

El Solarium de Aix-les-Bains. (Recorte de una postal de época).

La imagen deja clara la peculiaridad del edificio. Se trataba de un sanatorio para tomar “baños de sol” que rotaba alrededor de un eje vertical, orientado de forma óptima hacia nuestra estrella. Lo que fue la “estación orientable de helioterapia” de Aix-les-Bains ha quedado reducida hoy día a unos escasos restos pero merece un espacio en cualquier crónica de la tecnología asombrosa. Esta historia comienza en 1921, cuando el médico rumano naturalizado francés Jean Saidman defendió su tesis doctoral sobre tratamientos médicos basados en el uso de radiación ultravioleta, infrarrojos, rayos X y ondas de radio. Defensor de la actinoterapia (tratamiento médico basado en la aplicación de radiación, especialmente rayos ultravioleta), concibió la herramienta definitiva para sus propósitos: el solarium rotativo. Aix-les-Bains era el lugar ideal para levantar algo así, porque ya era un lugar célebre por sus aguas termales donde viajaban muchas personas para ser tratadas de problemas óseos y reumáticos.

Gráficos de la patente de Jean Saidman FR680179A: Solarium orientable pour héliothérapie et actinothérapie.
Habitación de tratamiento del solarium móvil. Fuente: Sublime Visions: Architecture in the Alps. Por Susanne Stacher.
El sueño de Saidman tomó forma sobre una colina desde 1930 bajo la dirección del arquitecto André Farde1 y gracias a la financiación de varios inversores locales. Así se elevó la estructura giratoria a unos doce metros de altura sobre una base octogonal que contenía consultorios médicos, una sala de radiología y una sala de espera. La parte más interesante del edificio es la plataforma móvil de 25 metros de largo y 6 de ancho, con un peso de 80 toneladas, donde se situaban las salas de tratamiento. El conjunto se movía por medio de un sistema de raíles motorizados. En el centro de la plataforma se disponía un centro de control y, en los brazos, las habitaciones de tratamiento estaban dotadas de lámparas de tratamiento y de camas basculantes que estaban preparadas para orientarse de forma óptima hacia el sol. Los rayos solares se concentraban por medio de lentes. Las lámparas se activaban cuando el día no era suficientemente luminoso.

El éxito del solarium móvil hizo que en otros lugares se levantaran edificios similares, como sucedió en la también francesa localidad de Vallauris (ya desaparecido) y en la ciudad india de Jamnagar (este edificio sigue existiendo pero ya no se utiliza). Para desgracia del doctor Saidman la Segunda Guerra Mundial destrozó todos sus planes de construir una ciudad dedicada a las terapias solares, falleciendo pocos años después de la finalización del conflicto.

El solarium rotativo de la India. Imagen M. P. Shah Medical College.

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Relacionado en TecOb: Villa Girasole.
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Véase Revolving Architecture: A History of Buildings That Rotate, Swivel, and Pivot, obra de Chad Randl.


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14 mar. 2020

More Forgotten Saucer Cases of the 1970s



More Forgotten Saucer Cases of the 1970s
By Scott Corrales © 2020

One cannot help but notice that the more we are faced with the realities of the current UFO landscape (flying tic-tacs, disclosure, the new contenders in the field, etc.) a certain comfort can be found in looking at older cases from a time before social media and Photoshop. It might seem like dwelling in the safety of the past to some; a form of saucerian nostalgia. However, we must always bear in mind the advice offered by J.J. Benítez, the journalist who boasted having traveled a hundred thousand kilometers in his quest to unravel the UFO enigma: it was prudent to allow cases to lie fallow for seven years before investigating them, as this time period would allow any hoaxes to be unmasked, and more importantly, it would allow witnesses to step forward, if they had been reluctant to discuss sightings and encounters at first.

On Sunday, March 25, 1978, four friends went for an evening stroll through the streets on the outskirts of Toluca, a city in the state of Mexico. Shortly after six o'clock, the four friends found themselves engulfed in a sudden cloud of dust. It was not restricted to the area they happened to be in - the dust storm was part of a huge cloud that dropped unexpectedly on the city, much like the dust storms kicked up by the Texcoco Dry Lake which affect Mexico City toward the end of the summer. The four friends crammed into a Volkswagen Bug and decided to go and inspect the scope of the unexpected storm. They drove to a height - a district known as Lomas Altas - which commanded a view of the entire city, enabling them to see the vast black cloud overhead.

The four young men watched the apocalyptic scene from the relative safety of their car. Lightning fell from the cloud as thick raindrops hit the windshield, and an angry wind blew dust, trash and zinc siding around.

Suddenly, the driver noticed at red light in his rear view mirror. At first he thought it might be the light of a patrol car, but could not imagine what a police cruiser would be doing up in Lomas Altas. The radio went dead as the driver realized the red object had no connection to law enforcement. It began rising from the hillside, floating in the air for about five minutes, plainly visible to the fellows in the car. Helpless, they could do little more than stare at the unknown source of light in silence.

The oldest of the witnesses, twenty-two year old José Brito, later explained that it was impossible to get a good view of the intruder due to the dust storm and the 'smoke' that appeared to be emanating from the object itself. One of the side effects of the sighting was the car's AM radio going dead.

In describing the object, Brito said it was roughly the size of a city bus, surmounted by a red chrome sphere; this sphere was accompanied by broad bands of blue light that he took to be viewports of some kind, however, there was no sign of any occupant. A set of 'huge legs' was visible under the object, although the seemed to be suspended in mid-air rather than touching the ground. Even more imposing were the jets of fire issuing from the object's lower section, the source of the smoke that added to the evening's murk.

The youths were spellbound as the object began to drift away, emitting a strange noise described as similar to those produced by jet cars.

"It spun so quickly," Brito told researchers, "that we lost sight of the details. We couldn't see if it had retracted its legs or closed its viewports. All we could see was a source of light suspended in the air."
At this point, the blowing wind became even more intense, sending large rocks flying. At this point, the friends feared that one of these large pieces of rubble would strike the car with catastrophic effect.
Once the strange object departed, the dust storm came to an end and light rain ensued.

Curiosity got the better of them and the young men went out to take a closer look. The felt the ground under their feet becoming hotter as they approached a hollow that contained two clearly visible, smoking burn marks.
The events at the heights know as Lomas Altas were corroborated by a family two kilometers away. Using a theodolite, the father of the family group was able to give a better description of the intruder: it resembled a spinning top that emitted a powerful white and red light.

On October 13, 1970 the main radar at Mexico City's Benito Juárez Airport picked up three objects that eventually hovered above the control tower to the astonishment of onlookers between one and three o'clock in the afternoon. The sightings were corroborated by peasants in the adjacent region and were picked up by the El Sol de México newspaper.


Like a Light Over Troubled Waters


USOs (Unidentified Submarine Objects) were also part of the picture in these saucer-prone times. In August 1971, the "El Debate" newspaper from the Mexican state of Sinaloa published a report involving the crew of a shrimp boat conducting nocturnal operations on the waters of the Gulf of California, near the port of Topolobampo. A bizarre luminous object was seen to emerge from the sea and speed off swiftly into the skies, leaving behind an odd luminous wake.

Ismael Preciado, the boat's skipper, and machinist Ramon Armenta told journalists that the unidentified object glowed emitted a powerful glow - bright enough to light up Farallón Island and part of Topolobampo itself. According to Preciado's reckoning, the light issuing from the object should have illuminated a twenty-five mile radius.

The newspaper report closed by saying that many fishing boat crews had seen similar objects emerging from the sea, leading many to believe in the existence of an 'UFO base' on the seabed.

A UFO in Chains?

The UFO phenomenon was also active in the skies over the state of Querétaro in May 1975. The Diario de Querétaro newspaper ran the story of how 'strange objects' had flown of the town of San Joaquín at an altitude of barely seventy meters on the evening of May 6, 1975 – between 21 and 22:00 hours, according to witnesses.

These witnesses could not be dismissed lightly, either. Among them was Ricardo Ledesma, a deputy district attorney and local tax collector, who told reporters that his wife Consolación had called him to come to the window to see the objects flying over the community. He was able to see the four strange objects which “flew at an altitude higher than that of private planes.”

In describing the altitude, Mr. Ledesma noted that the object were flying at a height usually associated with aircraft participating in an parade or military airshow, but then dropped to some seventy or eighty meters .
Consolación claimed having seen the objects a few minutes longer. “I had the chance to see the objects twice, since they flew around the community a few times. They flew in from the east and returned in the same direction.” She described them as resembling the weighing platforms used in old-fashioned scales, suspended by chains.

Another witness was Manuel Martinez, a local councilman, who added a startling detail. One of the objects, he said, looked like a ‘balanzón’ – a copper pan used by silversmiths - and made a slight buzzing sound.
Ms. Guadalupe Saldívar was also among the witnesses. “At first I saw what lights that appeared to be stars, but as they drew closer and flew overhead, I saw they were circular objects like weighing platforms, with dangling wires, grey in color.”

Just as townspeople were starting to forget the unusual events of the night of May 6, another UFO visited peaceful San Joaquín in the month of June. A vast object, giving off multicolored lights, flew slowly over the town hall, barely skirting over a radio tower. There were multiple witnesses to the event, and the object also had the unusual feature (perhaps never reported before in ufological chronicles) of having beams of light above it that indeed made it look like one of weighing platforms of a set of scales, suspended by chains.

Interestingly enough, the San Joaquín sightings were investigated by the late Salvador Freixedo, the former Jesuit priest, who lived in Mexico at the time. The state of Querétaro was fertile ground for researching the paranormal at the time.

“One day in 1975,” wrote Freixedo in his landmark Defendámonos de los Dioses (Beware of the Gods), “a young man from a humble background told me how, two months before, at night, he had witnessed a UFO flying very slowly and at low altitude over his house (located on the outskirts of town). Excited by what he had seen, he ran after the UFO, following its trajectory into a deep gully outside the city, not far from his home. When he reached the gully's edge, he saw a large lens-shaped object on the ground. emitting a fantastic white light. Frightened by the sight, he crouched amid some shrubs. From his hiding place he was able to see several "midgets" with objects resembling “flashlights” in their hands. These flashlights emitted thin, concentrated beams of light and the "midgets" were having a good time hacking down plants with them, enthusiastically, cutting one down after another.

“After a while, my friend, who had remained concealed and motionless behind the shrubs, saw the object change colors and moments later, begin to ascend very slowly, balancing itself repeatedly some five meters over the ground until it shot off heavenward. While engaging in this back and forth motion, the object struck a large cactus and toppled it.

"Months later, when I accompanied the young man to the site, I asked him to show me where the cactus had been felled. We headed in that direction, and sure enough, there lay a large, half-desiccated cactus. In spite of the time that had gone by, we were able to see without any difficulty the large rounded imprints of more than one landing on the gully floor. Later on, back at his home, the young man gave me fused rocks that he had collected from the landing marks while they were still hot; he had placed them in a jar, and after a while, the inside of the jar had been covered in a yellowish dust that resembled sulfur. All these details are more or less common to many other UFO landings, but what was new to me here was the half-desiccated coyote I discovered not far from one of the landing sites. What attracted my curiosity were certain strange characteristics that could be made out along the animal's carcass. Strangest of all was the fact that the entire body had been wrung, much like a rag is wrung to extract water from it. Yet in spite of this, its bones remained unbroken. Furthermore, it was also interesting to see that no ants or any insects whatsoever could be found beneath or around the carcass, while there was a good amount of the animal's flesh still stuck to the bones. It had dried up in an unusual manner, without rotting and disintegrating as is commonly the case with animals that have died in the field.”

A Lucky Location Shot

Perhaps no other case of this time period was as sensational as the Puebla UFO Crash – an incident that occurred on July 29, 1977 – involving the acrobatics of a trio of ‘fireballs’ seen over different parts of Mexico and even recorded by a professional film crew. One of these objects reportedly exploded in mid- air, scattering debris all over the Sierra de Puebla, the forbidding mountainous region that makes up a considerable part of that state.

The initial witnesses to the events were students in Mexico City standing in line to take admissions test in the National Education School at six o'clock in the morning on July 29. Shortly after, the Hoy Mismo television broadcast told viewers that reports were coming in from about 'three lights in the sky flying from south to north in the vicinity of the Estadio Azteca toward Ciudad Satélite'. The control tower of the UFO-prone Mexico City International Airport, however, poured cold water on the sighting, saying their radars weren't picking up a single thing.


A more detailed report, however, was provided by Mr. Carlos Tejeda, who said that "one of the UFOs consisted of two stages - the first was a metallic spearhead, the second was a mass of light that couldn't be clearly made out, and left something like white smoke in its wake." This initial telephone report would soon be followed by others, including a mass sighting by employees of an air cargo company, and this was just the start - the next three days would bring a tidal wave of new sightings from one part of the country to another.

As fate would have it, a film crew taping an exterior shot for the motion picture Picardía Mexicana in southern Mexico City would capture the objects in flight. The crew had been assigned with a 'darkness into dawn' shot and their cameras were properly set up for the occasion. Their cameras managed to pick up the three objects which appeared to be engaged in acrobatics. The unit director, Abel Salazar, told his cameraman not to lose the object from sight. On the exterior set were some major figures of Mexican cinema at the time, such as Vicente Fernández and Jacqueline Andere, who also witnessed the even. Salazar would later observe that while unsure if the objects were 'UFOs or not', they did leave behind them a 'wake of stars'.



As if proof of the event on film stock wasn't enough, the airline Aeroméxico's operations center in the city of Zihuatanejo, issued a precisely-worded wire: "Radio operator Hernández Moncada 11552 (5 o'clock local time) saw three UFOs flying from north to south at approximately 16,000 feet. A shining round mass was flying in a straight line with two smaller masses behind it 'as thought trying to stop it'. These two lights made a 180 degree turn and returned at prodigious speed. Stop. Large mass exploded into four parts without losing its size, continuing its trajectory while leaving a luminous wake like a comet's tail for five minutes. Stop. These events were confirmed by TWR (tower) Dispatcher in ATOINTL (Zihuatanejo International Airport), Mister Daniel Alvarez." - a startling official admission of UFO activity if there ever was.

Mexico City’s “El Diario de la Tarde” informed its readers that Aerolíneas Argentinas Flight 371 reported seeing a UFO some five hundred kilometers away from Mexico City, from where it had taken off earlier. Over the rainforest-draped mountains of Oaxaca, the airliner’s crew said the UFO ‘was starting to disintegrate’. Further confirmation was received from other civilian aircraft aloft at the time.

Efforts at finding the debris in the vegetation-covered mountains proved fruitless until researchers received a letter in August 1977 letter from schoolteachers in the state of Veracruz, advising them that a strange piece of metal had fallen in the town of Jopala, Puebla. "One of these sparks [referring to the sparks emitted by the disintegrating UFO] was recovered after it touched the ground. It is a piece of sheeting whose material is unknown to us. It is being kept by the authorities of the municipality of Jopala, who told us the fragment was still hot when they collected it." The schoolteachers also noted the belief that more fragments could be found in the general area.

So far the story has all the makings of an X-Files episode. Researchers ventured into the inhospitable, canyon-ridden region of Puebla only to find that the residents of Jopala were not inclined to part with their piece of unusual debris. The authorities yielded to a request to see the fragment, which proved to be a very heavy piece of metallic sheet. In the end, the municipal president agreed to part with a small fragment which was later submitted to analysis, revealing it was high-purity steel of some sort…such purity that it was not employed anywhere on the planet.

Skeptical sources suggest the fragment of enigmatic metal belonged to a Soviet satellite - Cosmos 929 - but fail to account for the sightings taking place throughout the country. Unless Soviet satellites were in the habit of chasing each other in the skies over Latin America?

Bikers and UFOs in the Desert

Northern Mexico was not exempt from its share of UFO sightings, especially in the wide open spaces of Chihuahua and Coahuila. One of these events took place in the evening of October 16, 1973, a few kilometers north of the city of Monclova in the locality of Pozuelos – a moniker it earned by being the site of a series of wells that supply the city. It is worth noting that October ’73 was the busiest month in the “Year of the Humanoids”.
A firefighter named Humberto Corona was on his way to Pozuelos to service a number of pumps in that locality. His nocturnal labors were suddenly interrupted – as in any good UFO case – by a sudden flash of light that filled him with fear. He disconnected the pump he was working with, finished the required task, and promptly hopped on his motorcycle, speeding away from the place. Turning his head, however, he realized that the bright source of light was following him. He accelerated down the bumpy road, hoping to avoid the unknown quantity. Before he knew it, matters were worse – the light was now directly above him.


Realizing that escape was not possible, Corona jumped from the motorcycle and ran down to a sandy arroyo nearby, hiding behind some brambles. From this precarious place of safety, the man looked back at the road, his motorcycle and the source of light.

The light – he could now tell – had its origin in a strange flying vehicle that now hovered over the motorcycle, bathing it in an eerie glow. The vehicle produced a reddish beam of light that scanned every inch of the fireman’s bike. This analysis, in Corona’s estimation, took about five minutes.

Once the scanning operation was over, the UFO rose into the air and vanished into the blackness of the desert night. Warily, Corona emerged from his hiding place, not entirely trusting that the intruder was gone for good. He picked up his motorcycle, managed to kick start it, and sped away at full speed back to Monclova.

His story appeared in the local La Opinión newspaper, whose readers wrote in to substantiate his experience with their own stories – testimonies of encounters with the unknown in the desert.

Activity over Chiapas and Tabasco

June 1973 was a busy month for the newsrooms in the states of Chiapas and Tabasco, where local residents claimed having seen unidentified flying objects.

According to these reports, the objects were circular and emitted multicolored beams of light, following a specific route northward from Chiapas to Tabasco, specifically near the town of Macuspana, where evidence of landings was observed in the form of the characteristic burn marks associated with UFO CE-2 events.

Reports of CE-3s were also included; as residents of Macuspana allegedly had sightings with giant ufonauts (described as standing three meters tall and with clawed feet like roosters) that terrified the locals. These reports claimed that approaching the nightmarish beings and their vehicles was impossible, since any approach within forty meters of them would cause the landed UFOs and their occupants to ‘vanish’ from sight (camouflage?
Or was the entire unlikely experience a projection of sorts?) becoming visible once the foolhardy human had retreated to a respectful distance.

Conclusion

These ‘missing events’ from the chronology of cases in the 1970s ranges from the thoroughly documented - the footage from the Picardía Mexicana motion picture – to the purely anecdotal, such as the towering Macuspana aliens, although gigantic saucer occupants have been reported in Spain, Brazil and Russia over the decades.

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12 mar. 2020

Maelzel, el inventor de cabecera de Beethoven

Con obediente confianza se aplicó Beethoven a seguir las varias prescripciones de los médicos que iba consultando [sin mejoría alguna] (…) Desilusionado, descorazonado, tuvo que llegar a interponer entre él y el mundo aquellas trompetillas acústicas de diferentes formas que le construía Maelzel, el inventor del metrónomo. Y, al fin, en sus últimos veinte años hubo de reducir su comunicación con los vivos a unos humildes cuadernos de papel pautado…

Extracto de un artículo de A. Furno a propósito de la sordera de Beethoven, publicado en Musicografía, agosto de 1933.

Este 2020 es el año en el que se recuerda que hace 250 años, en 1770, venía al mundo en la alemana ciudad de Bonn uno de los más grandes genios de la historia de la música: Ludwig van Beethoven. El “sordo genial” cambió para siempre la música occidental y su eco nos acompaña por doquier. Pero no es su magna obra lo que aquí nos ocupa, sino un aspecto de su vida menos recordado pero reamente curioso. La sordera, entre otros males, que aquejó a Beethoven hasta perder completamente la capacidad de audición, ha sido siempre objeto de debate. ¿Hubiera compuesto alguna de sus postreras genialidades de haber mantenido sus sentidos en plena forma? Aquella desgracia nos dejó la imagen de un Beethoven encerrado en sí mismo, creando todo un revolucionario universo sonoro, único y asombroso, en medio del silencio más atronador. Pero en la desgracia, como un intento desesperado por mantener el acceso al mundo de los sonidos, el genio de Bonn se alió con un personaje singular, un aventurero llamado Johann Nepomuk Maelzel.

 

El hijo del organero

Maelzel (también se puede ver escrito como Mälzel), inventor y hombre-espectáculo a partes iguales, nació en Ratisbona en 1772. Era hijo de un fabricante de órganos, lo que a buen seguro le llevó a alimentar sus dos grandes pasiones: la música y las máquinas. Con una gran formación musical a sus espaldas, decidió probar suerte en Viena trabajando en el mantenimiento de instrumentos musicales de todo tipo. Y, entre órganos y clavicordios, al imaginativo Johann se le ocurrió que podría inventar nuevos instrumentos con los que construir la música del futuro.

Modelo de orquestrión de mediados del siglo XIX.

 

Su primer éxito fue una variante del orquestrión, o lo que viene a ser lo mismo: una máquina que reproduce sonidos como si fuera una orquesta o una banda musical. Nos encontramos en la última década del siglo XVIII, cuando las cajas de música y los autómatas mecánicos causan verdadera admiración. Entre las gentes adineradas se cotizaban estos artilugios tratándolos como joyas. En este ambiente, un buen orquestrión era algo que llamaba mucho la atención y, como mecánico de primera, Maelzel llevó a la vida un modelo de gran calidad. Aquellos primeros orquestriones, que fueron evolucionando a lo largo de la siguiente centuria hasta dar lugar a complejísimas pianolas y similares, eran lo más parecido a una cadena musical actual que pueda imaginarse por aproximación. Instalado el mecanismo de relojería en el interior de un armario bellamente decorado, se insertaban en un lector diversos tipos de cilindros con muescas, o bien discos metálicos dotados de marcas, como minúsculos agujeros, para las notas. Esos contenedores de música eran reproducidos por el sistema de relojería para generar sonidos que mezclaban el viento, cuerda y percusión, por medio de un pequeño órgano de tubos y sistemas de campañillas, ejes cordados y cajas de resonancia. Era como tener una orquesta en casa, o más bien en tu palacete. Los modelos más evolucionados de orquestrión, que sonaban con una calidad asombrosa, fueron utilizados hasta bien entrado el siglo XX.

Otro modelo de orquestrión del siglo XIX.

 

Maelzel vendió su primer orquestrión por una considerable suma de dinero y se abrió paso entre la élite vienesa como genio de la ingeniería musical. Los instrumentos musicales automáticos estaban de moda y el hijo del organero supo sacar partido de ello. Sin embargo, nunca se mostró conforme con aquellas “orquestas artificiales” y deseó ir más allá.

 

Nace el panarmónico

El panarmónico.

Maelzel soñaba con un mundo en el que las máquinas capaces de generar música de forma automática se extendieran. Con seguridad, nuestro tiempo le hubiera apasionado. Nos hallamos ahora ante un nuevo siglo, concretamente en 1804. Ese fue el año en que nació una maravilla mecánica conocida como “panarmónico”, de la mano del siempre inquieto Johann. El ingenio llamaba la atención por su imponente aspecto. Era como un orquestrión llevado hasta el límite de la tecnología de la época.

La máquina consistía en un gran armario, nuevamente dotado de bellos adornos que quedarían perfectamente integrados en el mobiliario de un palacio. En su centro, una consola con teclado mecánico a través del que se accedían a los registros de sonido. En total, la persona que manejara el panarmónico tenía el control de toda una banda de música militar con más de cuarenta instrumentos diferentes de viento, cuerda y percusión. Desde el control central se tenía acceso a cada uno de ellos, que eran alimentados con un “programa” en forma de bobina o discos que incluían la composición a interpretar. Una vez cargada la música, la máquina ejecutaba la obra de forma automática, como su de una orquesta de autómatas se tratara. El asombro estaba asegurado.

Ahora bien, había que vender aquél monstruo, y además por una buena suma, porque desarrollarlo había costado un considerable esfuerzo. Maelzel pensó en un amigo vienés que podría ayudarle en el empeño: el mismísimo Beethoven. De esta forma nació, ya en 1813, la composición titulada La Victoria de Wellington, también conocida como La Batalla de Vitoria. La obra celebra la victoria militar de las tropas británicas, españolas y portuguesas en Vitoria contra los ejércitos napoleónicos. Un tema ideal para una banda de música militar, que era precisamente lo que buscaba Maelzel. Tiene gracia, pero Beethoven compuso ese cuarto de hora de música prácticamente como un divertimento, algo sin trascendencia y que, en sus propias palabras, era poco menos que una broma, pero en su tiempo se convirtió en una composición muy popular. El encargo de Maelzel para Beethoven tuvo éxito: a la gente le encantaba y, como resultado, las reproducciones en el panarmónico se hicieron muy famosas. Aquél ingenio, que era capaz incluso de recrear el sonido de cañones y armas de fuego, le dio fama y buenos dineros a Maelzel.

Orquestrión. Imagen del Durward Center.

 

Trompetillas, metrónomos y aventuras en América

Maelzel era muy conocido en los salones vieneses, y no sólo por sus extraños ingenios musicales. En 1805 había comprado una máquina célebre en su época: “el turco”. Era un autómata capaz de jugar al ajedrez. La atracción, originalmente de Wolfgang von Kempelen, pasó por las manos de Maelzel durante un tiempo, sacándole buen beneficio en diversas giras hasta que lo vendió de nuevo. Cabe recordar que, aunque impresionaba, no era realmente un autómata, porque tenía truco: en su interior se acomodaba un operador, que era quien movía realmente las piezas del ajedrez.

El turco.

De aquellos primeros años del siglo XIX son también sus instrumentistas autómatas, como un vistoso trompetista, o sus cronómetros musicales y, en auxilio de Beethoven, diversos tipos de trompetilla para el oído. Ciertamente, aquellos aparatos no frenaron la sordera del genio de Bonn, pero posiblemente le ayudaron durante un tiempo. De todas formas, el entendimiento entre Maelzel y Beethoven no terminó en buenos términos. Hacia 1814, después de diversas interpretaciones de la ya mencionada composición de Beethoven con el panarmónico, todas con gran éxito, estalló un conflicto serio. Beethoven acusó a Maelzel de estafa, de estar rompiendo los términos de su acuerdo comercial y de emplear una transcripción errónea de su música. La amistad terminó abruptamente y Maelzel marchó a París a probar suerte otra vez. En la capital francesa construyó un nuevo modelo de metrónomo, mejorando lo ya existente en la época. Los metrónomos son aparatos de relojería que se emplean para marcar el tiempo en música por medio de señales acústicas y visuales, y son un elemento muy importante en composición.

Los metrónomos de Maelzel se hacen famosos en media Europa y llaman la atención de Beethoven. Eran de buena calidad y seguían el modelo creado por el holandés Dietrich Nikolaus Winkel, quien no había sacado provecho de su invención. Maelzel con su versión del invento logra el éxito y, de paso, consigue reconciliarse con Beethoven, quien encuentra muy útil el aparato. Queda claro que al inquieto Johann lo que más le atraía eran las grandes puestas en escena, diríase que era todo un showman. De regreso a Viena, tras haber gestionado la compra, otra vez, del “turco” para su espectáculos, sueña con marchar a América para ofrecer allí sus escenificaciones con autómatas. Y lo logra, porque nada se le interponía, a medio camino entre el genio de la mecánica y el embaucador, Maelzel “hace las Américas” a su manera hasta que muere de forma misteriosa en un puerto venezolano.


–> En este vídeo podemos ver cómo funciona un orquestrión de principios del siglo XX.

–> Orquestrión del siglo XIX en acción.

–> Finalmente, en este otro vídeo, podemos contemplar el funcionamiento de un orquestrión de finales del siglo XIX.


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11 mar. 2020

Costa Rica: Possible CE-2 in the Zurquí Region

Source: PLANETA UFO and Cial Observacion OVni CR
Date: 03.11.2020

Possible CE-2 in Costa Rica's Zurquí region in June 2019. No further information at the moment.


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