10 oct. 2016

Marie Marvingt y la primera ambulancia aérea

Una nota de ayer publicada por @JoseM_SGP me hizo recordar cierta exposición de 2014 acerca de esta fascinante mujer y, sobre todo, me hizo pensar que, hace ahora cien años, ella se encontraba volando por los cielos europeos. ¿Qué mejor ocasión que recuperar este artículo que publiqué en 2009 acerca de la fascinante Marie Marvingt?


Hace poco visitó TecOb la chica halcón, Hélène Dutrieu. Hoy le toca el turno a una contemporánea cuyos méritos no desmerecen, ni de lejos, los de la aventurera del aire e inventora citada.

imgCiertamente, la vida de Marie Marvingt fue excepcional en todos sus aspectos. Viajemos en el tiempo para contemplar a una anciana en el día en que cumple ochenta años. Día 20 de febrero de 1955, una viejecita camina con decisión entre aviones, acompañada de pilotos y curiosos en la base aérea francesa de Toul-Rosières. La estampa es poco común, pero lo que sucederá a continuación será mucho más soprendente. La mujer, junto a un piloto de la U.S. Air Force, se acomoda a bordo de un interceptor supersónico con capacidad nuclear McDonnell F-101 Voodoo. Quien piense que se trata de una simple visita, se equivoca. No va a disfrutar de una simulación, ni tan siquiera pasará un rato en la cabina posterior “jugando” con los mandos. El caza hace rugir a plena potencia sus dos turbinas Pratt & Whitney, recorre la pista y despega. En efecto, una octogenaria ocupa, durante todo un vuelo, un puesto en la cabina de un avión de combate de la OTAN. ¿Qué grandes hazañas había logrado Marie para que le fuera concedido tal honor?

Ese mismo año, la anciana aprendió a volar en helicópteros, consiguiendo la correspondiente licencia de piloto que, por supuesto, no quedó olvidada en su cartera, bien se ocupó de emplear el documento activamente durante años hasta que, en 1963 y con 88 años de edad, abandonó este mundo. Desde entonces, en Francia es considerada como heroína nacional, siendo empleado su nombre para bautizar calles y edificios de todo tipo, entre otros honores. Marie Marvingt publicó varios libros, multitud de artículos, participó en películas y logró incontables premios aeronáuticos pero, sobre todo, es recordada por su tenacidad.

Veamos, siendo breves, habrá que recordar a una jovencita francesa, nacida en 1875, que destacó muy pronto por su habilidad deportiva, siendo capaz de destacar mundialmente en deportes acuáticos, carreras de caballos, atletismo, boxeo y artes marciales, además de en tenis, golf, fútbol, deportes de invierno. ¡Alto! ¿para qué continuar? La verdad es que la chica era algo así como una atleta incansable y polivalente, un portento pocas veces igualado. Por lo demás, poco antes de nacer el siglo XX, consiguió una licencia de conducción de automóviles y ya acumulaba tantos trofeos y medallas que apenas si quedaba espacio en una grande y abigarrada estantería para contenerlas. En la primera década de la nueva centuria sintió la llamada de las montañas y, así, se convirtió en la primera mujer en alcanzar muchos de los picos de los Alpes suizos y franceses. Sus hazañas eran glosadas apasionadamente por los periódicos de la época. En esa época era conocida como anfibio rojo, por el color de su bañador. A finales de esa década se convirtió en auténtica reina de los deportes de invierno y, también, en experta y condecorada tiradora, armada con su carabina era imbatible.

Poco a poco las máquinas fueron tomando un lugar especial en su corazón. En 1910 fue campeona mundial de Bobsleigh, mientras también destacaba en ciclismo, aunque en 1908 sufrió una grave decepción al serle prohibido participar en el Tour de Francia, pues únicamente podían participar hombres. Al poco tiempo, en diversas pruebas, pudo demostrar que podía competir contra cualquier hombre y, gracias a esta tenacidad, logró de la Academia de Deportes Francesa, en 1910, la medalla de oro “por todos los deportes”, algo completamente excepcional. Únicamente con pensar en todo esto uno ya se siente cansado, Marie demostraba tener tanta energía como decenas de personas no pueden desplegar en toda una vida y, sin embargo, solo era el principio.

Nuevamente, una máquina, fue capaz de enamorarla. Ya no era un automóvil, o una bicicleta, ni tan siquiera uno de sus queridos trineos. Desde que en 1901 ascendiera en globo por primera vez, no dejó de pilotar aerostatos, pero deseaba ir más allá. En 1909 probó algo que siempre quedaría en su memoria como el momento en que descubrió su mayor pasión: los aviones. Sus vuelos en globo, como el que realizó cruzando en Mar del Norte a bordo del Estrella Fugaz, temerarios y pioneros, poco podían compararse con su deseo de pilotar aviones. Es considerada como la primera mujer en pilotar en solitario un avión monoplano y, a finales de 1910, logró que le fuera concedida la tercera licencia mundial de piloto de avión que era concedida a una mujer. Su pericia tornó legendaria, a lo largo de casi un millar de vuelos fue capaz de aterrizar sin un solo contratiempo, y eso que no se limitó a vuelos de placer, pues participó en espectáculos peligrosos y competiciones arriesgadas, estableciendo diversas marcas mundiales.

Fue la Gran Guerra la que le impulsó a luchar por una idea en la que venía pensando desde 1912: la construcción de ambulancias aéreas. Luchó en la guerra, incluso en trincheras y en varios frentes. En 1915 se convirtió en la primera mujer en convertirse en piloto de combate, bombardeando territorio alemán, siendo condecorada por ello. He ahí el motivo por el cual, además de ser recordada como impulsora del uso de la aviación en labores sanitarias, se le otorgara el honor de volar a bordo de un caza supersónico al alcanzar la edad de ochenta años.

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Marie Marvingt, en un dibujo de 1914 obra de Émile Friant sobre la idea de la ambulancia aérea.

Terminada la Primera Guerra Mundial, Marie Marvingt trabajó como periodista, corresponsal de guerra y oficial médico en el norte de África, además de inventar, estando en Marruecos, un sistema de patines metálicos con los que facilitar aterrizajes de aviones sobre arena. Desde entonces, nunca se cansó de promocionar el uso de la aviación para fines médicos y sanitarios, siendo ipulsora de diversas organizaciones relacionadas con el diseño y uso de ambulancias aéreas, logrando en 1935 la primera licencia mundial como piloto paramédico. Y así, llegando a ser nombrada miembro de la Legión de Honor Francesa, cayó otro desastre para Europa. No por ello su energía había disminuido y, en medio de la Segunda Guerra Mundial, trabajó en un hospital para aviadores heridos e inventó un nuevo tipo de sutura quirúrgica. Sinceramente, me descubro ante ella, no creo que el tiempo de una vida pueda llenarse más, con tantas y tan buenas experiencias, inventiva y pasión.


Recorte procedente del número 753 de la revista Alrededor del Mundo, publicado el 2 de noviembre de 1913, cuya lectura recomiendo vivamente. [AMPLIAR RECORTE].

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Documental sobre Marie Marvingt (Fragmento).

Marie Marvingt la fiancée du danger

Marie Marvingt y la primera ambulancia aérea apareció originalmente en Tecnología Obsoleta, 9 octubre 2016.


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