10 nov. 2015

Frenarás, quieras o no

Ayer 9 de noviembre se celebró el día del inventor. La fecha fue elegida en recuerdo del nacimiento de la actriz Hedy Lamarr, inventora de la tecnología del espectro disperso (ya nos visitó en TecOb hace una década).

Con un día de retraso, vaya aquí un pequeño homenaje a todos esos inventores que dedican su vida a crear artilugios con los que mejorar la vida de sus contemporáneos. Para ello, nada mejor que recordar a uno de esos inventores olvidados que tenía en reserva en el archivo de futuros artículos.

En concreto, traigo aquí, de entre las brumas de tiempo, uno de los más curiosos inventos de Charles Adler, Jr. Mmmmmm… ¿de quién? Sí, no es alguien muy conocido, pero merece ser recordado. Además de aviador, el bueno de Adler fue un inquieto ingeniero que consiguió más de 60 patentes, casi todas en el campo de la seguridad en automoción, ferrocarriles y aviación.

Nacido en 1899 y fallecido en 1980, Charles Adler trabajaba en un laboratorio de Baltimore cuando una idea iluminó su mente. En su lugar de trabajo había grandes ventanales desde los que podía contemplar una amplia área industrial, con sus naves, chimeneas y carreteras cruzadas por vías de ferrocarril. Los pasos a nivel sin barreras que se divisaban desde allí le ponían nervioso. Seguramente fueron varias las ocasiones en las que pudo contemplar desde su atalaya algún accidente. ¡Había que poner freno a todo aquello!

Antes de describir el invento que se le ocurrió partiendo de aquellos pensamientos, cabe repasar brevemente las creaciones de Adler. Su primera invención data de cuando apenas contaba con catorce años. Se trataba de un novedoso sistema de frenos eléctricos para automóviles. Más tarde cursó una titulación en ingeniería en la Universidad Johns Hopkins y sirvió brevemente como soldado en la Gran Guerra. Tras la guerra, al completar sus estudios, comenzó a trabajar para una compañía de ferrocarriles ideando sistemas de seguridad y señalización.

En 1928 uno de los ingenios de Adler fue instalado, a modo de pruebas, en una intersección de calles en Baltimore. Se trataba del primer semáforo moderno de la historia, un invento que no nos ha abandonado desde entonces y que se extendió por rapidez a lo largo de todo el mundo. Un año más tarde, también en Baltimore, se instaló otro de sus inventos: el primer semáforo para peatones. Aquello fue el principio de una larga carrera en la que diseñó todo tipo de señalizaciones de emergencia y seguridad para coches, camiones, trenes y aviones. Hablando de aviones, fue uno de los primeros en diseñar un sistema de luces de navegación para aviones que se adoptó ampliamente.

Vamos con el invento que quiero destacar. No tuvo tanto éxito como sus semáforos, pero tiene su atractivo. Regresemos de nuevo al laboratorio de Adler y a su obsesión por la seguridad. Tras imaginar y diseñar señales luminosas de todo tipo, incluyendo algunas activadas por el sonido, el inventor pensó en algo más radical. Si ante un paso a nivel sin barreras, por mucho aviso luminoso que tengas, no te detienes, algo habrá que hacer para remediar el problema. Muy sencillo: ¡detener los coches incluso aunque los conductores no deseen, o no puedan hacerlo!

Así surgió su procedimiento para disminuir automáticamente la velocidad de los automóviles, creado en 1926 y probado en 1927 de forma local. En un paso a nivel sin barreras, se colocan en la carretera varios imanes potentes en forma de láminas de hierro imantadas bajo el asfalto. Cuando un coche se acerca al paso a nivel, a una distancia adecuada, si circula por debajo de una velocidad determinada, no sucede nada. Ahora bien, si el coche llega “lanzado”, el imán activa un relé que está en modo de “alerta” por haber superado su velocímetro el límite establecido. En ese momento, tras sobrepasar la señal magnética, se activa el sistema de seguridad que interfiere con el mecanismo de encendido del motor para hacer que el coche disminuya su velocidad, incluso aunque el conductor esté pisando a fondo. Una vez superado el paso a nivel, otra señal magnética desconecta el sistema de frenado automático. La intención de Adler era que su ingenio se adoptara en todos los vehículos nuevos, cosa que nunca sucedió. Sin embargo, aunque esta pintoresca idea no llegó a buen puerto, el espíritu inventivo de Adler sigue con nosotros a diario cada vez que estamos ante un semáforo.

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El sistema de frenado automático de coches de Adler, tal y como aparecía descrito en la revista Alrededor del Mundo, edición del 1 de enero de 1927, Madrid. Biblioteca Nacional. (Pincha en la imagen para ampliar).

Frenarás, quieras o no apareció originalmente en Tecnología Obsoleta, 11 noviembre 2015.


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