29 ago. 2014

Una dulce ola de muerte

Estaba hace un rato leyendo un artículo sobre biofísica del movimiento de las bacterias cuando he chocado con un dato que tenía pendiente comentar hace tiempo1. No habrá que demorarlo más pero, antes veamos cómo define “melaza” el diccionario de la Real Academia Española:



Líquido más o menos viscoso, de color pardo oscuro y sabor muy dulce, que queda como residuo de la fabricación del azúcar de caña o remolacha.



Ahora, intentemos imaginar cómo sería nadar en un mar de melaza. Sólo de pensarlo causa angustia. Por suerte no es algo usual, aunque no imposible, tal como descubrieron los ciudadanos del barrio de North End, en Boston, el 15 de enero de 1919, día en que sucedió el desastre de la melaza . Todo comenzó en este aparentemente inofensivo lugar donde, como puede verse en la fotografía, existía un gran depósito de muy dulce contenido.


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Vista del depósito de melaza antes del desastre.


En esa época el edulcorante más utilizado en medio mundo era la melaza, además de ser utilizada para la obtención de etanol destinado a bebidas espirituosas. El gran depósito de melaza de la Purity Distilling Company situado en el 529 de Commercial Street en North End tenía una capacidad máxima de 8.700 m3. Con 15 metros de altura y casi 30 metros de diámetro, el gigante de metal dominaba toda la avenida, mientras se desarrollaba a su alrededor la ajetreda vida del barrio. Tras unas jornadas realmente heladoras, la temperatura se había moderado y parecía que iba a ser un buen día, pero todo se torció de repente.


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Trágica imagen del desastre de la melaza de 1919.


Era poco más de mediodía cuando el gran depósito comenzó a rugir con furia. Los remaches saltaron como balas y las planchas de metal cedieron bajo una inmesa presión. Una gran riada sorprendió a las gentes de North End. No era una inundación usual, no era agua, ni siquiera barro, ¡era melaza! El pegajoso y dulzón fluido avanzó arrasando casas, calles y vías de ferrocarril a una pasmante velocidad de unos 56 kilómetros por hora con una ola de avance que alcanzó un máximo que superaba los siete metros de altura. La lengua mortal de melaza atrapó a gran número de personas, caballos y perros.


Una vez en ella, era muy difícil escapar. El depósito, que al parecer tenía varios defectos de construcción y mantenimiento, no había podido soportar la presión de los gases de fermentación que acumulaba en su interior. La inundación de melaza se dejó sentir durante más de medio año, tiempo en el que un ejército de cientos de operarios trató de eliminar el manto pegajoso de las calles. Junto con un gran número de heridos, fallecieron 21 personas, muchas de ellas ahogadas en melaza, en medio de escenas horribles de pobres gentes agotadas, luchando desesperadamente por escapar de la ola de pegamento en que se había convertido el contenido del depósito.


Se trató de uno de los sucesos catastróficos más inusuales de la historia, si acaso rivalizando con la inundación de cerveza de Londres de 1814 .

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1 Nadar en melaza . Jabr, Ferris. Investigación y Ciencia, Junio 2014 – Nº 453.


Más información:



Una dulce ola de muerte apareció originalmente en Tecnología Obsoleta, 29 agosto 2014.




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