31 ene. 2017

La pensadora del cielo

Fragmento del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja, edición de enero de 2017.

El estado del cielo para el año de 1778

En la Biblioteca Nacional de España duerme desde finales del siglo XVIII cierto volumen con llamativo título: El estado del cielo para el año de 1778, arreglado al Meridiano de Madrid: pronóstico general, con todos los aspectos de los planetas, por la Pensadora del Cielo Doña Teresa González. Ahí es nada, estamos ante un almanaque astronómico, con ciertos tintes astrológicos.

Impreso en Madrid, muy posiblemente ese mismo año de 1778, o bien a finales del año anterior, en la imprenta de Don Manuel Martín, localizada en la calle de la Cruz de la capital española, se nos presenta como un manual astronómico con dos autores declarados. Por un lado, la misteriosa Teresa González. Por el otro, Manuel José Martín, el propio impresor. La obra vendría a ser una versión mejorada, y actualizada, de otra muy similar que vio la luz en 1777. Se trataba de El estado del cielo para el año de 1777, arreglado al meridiano de Cádiz. Pronóstico general. Por Teresa González, natural de Córdoba. Y no se trató de los primeros intentos de esta olvidada cordobesa, pues se guarda registro de una solicitud de licencia, no concedido, que data de 1773, para cierta “Pensadora del cielo”.

La obra de 1778 sí tuvo cierto predicamento y alcanzó difusión, aunque poco más se conoce acerca de su gestación. Su contenido es descrito de forma directa en la presentación del libro: Pronóstico general con todos los aspectos de los planetas entre sí y con la luna, el signo y grado que esta ocupa diariamente, y los eclipses de los dos luminares. Juicio astrológico en cuanto a sucesos elementales y cosecha de frutos, por la Pensadora del cielo, Doña Teresa González. En total, 104 páginas que vienen a ser una mezcla entre almanaque de efemérides astronómicas, con sus cálculos y tablas, junto a una especie de divertimento “astrológico” relacionado con las cosechas y los cultivos, que al final muy posiblemente era el gancho para cazar al posible comprador de la obra.

El almanaque está dedicado a la Condesa de Benavente, Doña María Josefa Pimentel y Téllez-Girón, conocida mecenas de artistas y científicos de su época. La razón de existencia de esta obra hunde sus raíces en la moda que por entonces inundaba las páginas de la prensa, a fin de cuentas, el pronóstico astronómico, desde simples fases lunares a complejas predicciones de eclipses, se convirtió en todo un divertimento practicado con mayor o menor fortuna por editores de todo el país. La Pensadora del cielo, que demuestra en las páginas de su obra gran conocimiento matemático y de la ciencia de su tiempo, a buen seguro que no tuvo otro remedio que plantearse el publicar algo como aquello, tanto para conseguir algo de dinero como para difundir su conocimiento. Curiosamente, se sabe que ese tipo de libros contaban con mucha atención por parte de aquellas mujeres que podían acceder a la literatura en su tiempo.

La fascinación por la astronomía de la cordobesa, aunque tintada por cierta diversión astrológica, de clara orientación comercial, queda demostrada a lo largo de las páginas del almanaque. Bien merece un recuerdo esta mujer por su afán por hacerse un hueco en las publicaciones de ciencia popular que, en la España de entonces, eran muy escasas. De hecho, la autora avisa al comienzo de su escrito que este cuaderno (…) contiene dos partes: una esencia que es el Estado del Cielo durante el año 1778 que se reduce a presentar diariamente todas cuantas configuraciones pueden tener los planetas (…) calculados con la más suprema exactitud, los eclipses de los dos luminares, Sol y Luna, y otros fenómenos dignos de la mayor atención. (…) La segunda parte, que es la accesoria, envuelve una Apología de nuestro Sexo. (…) En ella, después de vindicar mi primera Obra de objeciones de los hombres y hacerme muy de veras partidaria en la gloria de las mujeres, las indico claramente por dónde pueden volver a cobrar sus legítimos derechos de hacer un papel de mucha gravedad y honor en el mundo.

¡Vaya atrevimiento! Por si acaso el censor fuera demasiado celoso de su trabajo, la autora intenta hacerse con su simpatía: …no se maravillará Vd. de que una mujer aplicada haya podido arribar a tan alto punto, mediante los progresos que ha hecho en astronomía y aún en otras ramas de las matemáticas, que sirven de preparación y adorno al espíritu. Puedo asegurar que desde por natural inclinación me entregué a estas ciencias, no parece sino que me hallo en mi propio elemento. La hermosura del Cielo presto se me hizo familiar y mejor conocida que la Tierra. Todas mis miras y mis anhelos no han tenido otro objeto que esas vastas y luminosas Regiones, a donde la mayor parte de los hombres apenas se digna levantar los ojos.

Sorprende la obra como conjunto, porque es mucho más de lo que parece a simple vista. Sí, es un almanaque, un calendario repleto de datos, unos más útiles que otros, con cierto toque astrológico que se incluye como divertimento pero, y he aquí el atrevimiento definitivo de la Pensadora del cielo… ¡dedica casi la mitad del libro a hablar de la mujer y de su derecho a acceder a la ciencia, a las universidades y, en definitiva, a la igualdad! Estamos ante unos papeles que vieron la luz en la España del siglo XVIII y, si bien como contenido científico poco hay en ellos de sorprendente, la defensa que hace la autora de las mujeres es digna de ser recordada.

Por desgracia, la censura terminó por rechazar aquella pretensión. La edición de 1773 fue cortada de raíz, las de 1777 y 1778 sí vieron la luz, pero cierto informe de la Real Academia emitido por el matemático Benito Bails, acusando a la obra de inexacta y propensa a la superstición, terminó por impedir que aparecieran más ediciones.

La pensadora del cielo apareció originalmente en Tecnología Obsoleta, 31 enero 2017.


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